EL BOSQUE COMO METÁFORA DEL JAZZ

FRED HERSCH, Open Book (Palmetto Records, 2017)

En las notas del nuevo disco en solitario de Fred Hersch hay una interesante metáfora que describe el jazz como un caos razonable comparándolo con el crecimiento vivo e inexorable de un bosque que crece a partir de un solo árbol (una nota, una armonía, una melodía, por ejemplo) para expandirse al azar (en apariencia) conforme las semillas se distribuyen alrededor merced a fuerzas imprevisibles como el viento, la lluvia, los desniveles del terreno... Esta metáfora del bosque para describir el jazz como libertad creativa equipara el caos a la belleza de la oportunidad y la supervivencia, y nos recuerda que el jazz es una música natural que crece con la evolución (léase fusión).

Open Book es un disco instrumental en solitario. Hasta el momento (y salvo contadas excepciones como la del saxofonista Marcel·lí Bayer), sólo nos vienen a la mente discos de jazz en solitario de pianistas. Un disco de piano en solitario es siempre algo tan arriesgado como excitante de escuchar y estudiar, pero Hersch se expresa con libertad (metáforas botánicas aparte) y se encuentra cómodo en este formato que ya dejó plasmado en Fred Hersch alone at The Vanguard (2011) o en su In Amsterdam: Live at the Bimhuis (2005), que me recuerda por momentos al Keith Jarret de The Köln Concert, aunque Hersch tiene ese don de la tradición que recuerda siempre que empezó mirando al bop (llamémoslo neo bop o bop moderno o como se le antoje al último crítico de moda) sin dejar de investigar, de explorar, de soñar.


Aunque sus composiciones forman una parte muy importante de sus grabaciones, Fred Hersch es uno de esos músicos más recordados por sus solos, por lo que es incluso recomendable escucharlo en este formato en solitario, recordando la soledad aventurera de aquellos pianistas de los primeros clubs de jazz de Nueva Orleáns, exploradores de una música aún por nacer. Hersch es así, inspirado, personal y ecléctico, aunque suena a Jarret en algún enfoque, a  Liszt, a Chopin, a impresionismo, a romanticismo incluso, a música clásica en definitiva ("Plainsong") sin perder el elemento bop ("Eronel") que hace brillar su personalidad y su capacidad emotiva.

Hersch es uno de esos grandes pianistas de las últimas décadas que, por no ser ni negro ni europeo, queda siempre en los últimos estantes de las tiendas, como un premio solo para los oyentes exquisitos que se molestan en investigar (también investigar) más allá de los escaparates y las modas. 




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* Foto: Jim Wilke.

REPÚBLICA CROMÁTICA

El jazz de Manolo Valls Quartet

Experimentar a partir de la tradición. Esta parece ser la consigna del primer álbum como líder del saxo tenor Manolo Valls, un músico, docente y compositor valenciano con una carrera tan dilatada que abruma. Escuchado sin atención, República Cromática (Sedajazz Records, 2017) puede parecer un disco mainstream, incluso un disco fácil, pero una escucha atenta desvela en las composiciones de Valls trazas de Mingus, de Monk, sutiles referencias al blues y al free jazz, a Charles Lloyd, y algún aire coltraniano. Como en el caso de los medicamentos o de los alergenos en los productos de alimentación, esto está debidamente advertido en la etiqueta. 

Formado en el Casino Musical de Godella y tras pasar por infinidad de formaciones de jazz, Valls es profesor de saxofón, iniciación al jazz, lenguaje musical y música de cámara en el Conservatorio Profesional “Pintor Pinazo” y director de la Big Band Casino Musical. Su cuarteto, formado en 2016, reúne a Iván Cebrián (guitarra), Oscar Cuchillo (contrabajo) y Rubén Díaz (batería); una formación que recuerda al cuarteto de Sonny Rollins, con esa versatilidad y frescura que da la guitarra al cuarteto sin piano. 

Foto: Antonio Sambeat

Manolo Valls es uno de esos tenores de fraseo inspirado. Uno no sabe si está improvisando o ha escrito la partitura con ese nivel de complejidad. Tiene frescura a pesar de dedicarse a la enseñanza (ya sabemos que tanto la rutina como un exceso de teoría debilita la inspiración) y muy buen gusto al elegir las influencias con las que dar color a su música. Del disco cabría destacar no un tema sino la homogeneidad resultante a pesar de la variedad de influencias.

Foto: Juan Ferrer
El disco comienza con "Nerjita", animado, hardbop feliz y dinámico, repartiendo protagonismo entre el saxo y la guitarra de Iván Cebrián, un diálogo de solistas clásico que aquí funciona muy bien, aunque queda patente que el peso de los temas lo lleva el tenor, versátil y con mucho que decir: las frases del saxo en "Inside This World", por ejemplo, son tan cantabile que casi parece pop. Con un arranque de blues coltraniano, "Blues for Esteban" cumple las expectativas fluyendo como un tema de la época hardbop de Coltrane. Si hubiera que elegir uno de los solos de Iván Cebrián a la guitarra sería el de este tema, fluido, natural, complicándose a medida que crece; excelente. "Crisis" entra con un bajo rebelde, muy Mingus, pero es un bebop al estilo de Bird, menos sofisticado, menos loco, pero donde Valls va desgranando recursos de una manera incansable. La canción tradicional sueca "Viejo Estocolmo" fue convertida en estándar de jazz por Stan Getz en 1959 como "Dear Old Stockholm" y, como en el caso de Getz, aquí vuelve a sonar a bossa. Volviendo a Coltrane, éste lo grabó en 1963 y aparece como bonus track en las reediciones de Impressions (Impulse!, 1987, por ejemplo). Valls frasea "Viejo Estocolmo" como hacía Dexter, con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Misterioso y adictivo el solo de Oscar Cuchillo al contrabajo.

En definitiva, Manolo Valls hace un jazz cerebral, complejo pero fácil para el oyente, y lo que es más importante: con muchos recursos interesantes pero siempre anclados en la tradición. 

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* Web oficial: www.manolovalls.com


JAZZ EN SEVILLA

Nostalgia de una época y de un jazz

La Sevilla de principios de los 70 en la que vivió Antonio Torres Olivera era una ciudad muy tradicional y tradicionalmente poco abierta a la cultura que llegaba de fuera. Pasarían muchos años antes de que se pudieran ver allí grandes conciertos de rock (los 80) y el jazz era, para una minoría, una religión desconocida para el resto. Torres Olivera pertenecía a un grupo de amigos que se hicieron llamar Colectivo Free Way y que hacía radio en la emisora La Voz del Guadalquivir. Por un giro del destino, el Colectivo terminó organizando las primeras ediciones del Festival de Jazz de Sevilla. Su aventura ha quedado reflejada en un exhaustivo libro titulado Jazz en Sevilla 1970-1995 Ensoñaciones de una época y publicado por la Diputación de Sevilla en 2015. 

Tuve la suerte de coincidir con Torres Olivera a principios de verano en una conferencia, presentando nuestros libros, durante la celebración del X aniversario del programa de radio Jazz en el Aire, y tuvo la deferencia de regalarme un ejemplar que, tengo que decirlo, tiene una lectura amena a pesar de su complejidad. El verano me ha permitido leer por fin este merecido homenaje en toda su extensión pero ahora veo que va a ser difícil reflejar en una simple reseña la exuberancia de datos, fotos y carteles de Jazz en Sevilla

El tono nostálgico del libro se contagia. Nos remite a una época (los años previos a la Transición) y a una edad (la juventud) en que todo parecía posible, incluso traer buen jazz a Sevilla o implicar a las instituciones (el Ministerio de Cultura apareció en 1977, convirtiéndose en un eslabón fundamental de la regeneración social) o que el público inmovilista y tradicional (que sigue siendo en su mayoría el) andaluz acudiera en masa a los conciertos, comenzando por las Jornadas de Jazz (1979-1983) hasta llegar al Festival Internacional de Jazz de Sevilla, que comenzó en el 80 con invitados como Stéphane Grappelli o el trío Hank Jones / Ray Brown / Roy Haynes. Lo que se dice comenzar fuerte... Este festival duró hasta 1984, para luego, en una segunda época, depender de la Fundación Luis Cernuda (dependiente de la Diputación de Sevilla), confirmándose la institucionalización del festival (lo que ahora llamaríamos politización). Este impulso, como no podía ser de otra manera, es un arma de doble filo porque cuando las instituciones (o los políticos que las manejan) dejan de interesarse o de promocionar el asunto, el asunto desaparece. Esta opinión no deja de ser un breve y superficial análisis de lo que realmente ocurrió, pero no es el único festival que ha desaparecido en los últimos años por culpa del desinterés de las mismas instituciones que hicieron posible su nacimiento.

Cartel de Manolo Cuervo

El libro habla de otros ciclos no menos importantes: Jazz en la Provincia, Rising Stars, Jazz en el Teatro Central... en los que ha estado involucrado el autor y que han contribuido durante estas décadas a asentar el gusto por el buen jazz no sólo en Sevilla sino en toda Andalucía. Pero habla, sobre todo, de ilusión, de cómo unos aficionados al jazz (esos que compran, asisten, siguen y, sobre todo, escuchan) se convierten en el impulso lógico y entusiasta capaz de hacer nacer un festival. A todos los que tenemos que viajar para escuchar jazz en vivo nos gustaría tener un club de jazz (como al prota de La La Land en la ficción) o verse en el meollo de plantar la semilla de un festival (como a Antonio Torres Olivera en el mundo real). Y, ciertamente, la historia nos da envidia.

El número de músicos que tocaron en Sevilla en esa época haría de esta reseña una lista intolerablemente larga, de manera que citaré los nombres de los verdaderos protagonistas: Antonio Lora, Jorge Narbona, Antonio Mateos, Miguel Ángel González, Ángel del Valle y Antonio Torres, los seis estudiantes que formaron el Colectivo de Divulgación Cultural Jazz Freeway para cambiar la historia cultural de Sevilla.



El libro está disponible (como todos los libros) en Amazon.

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CARL SANDBURG, POESÍA Y JAZZ

MATT WILSON's Honey and Salt (Palmetto Records, 2017)

La primera vez que escuché hablar de Carl Sandburg fue a propósito de ese poema (Jazz Fantasia) que habla de jazz y suena como jazz si uno lo lee como debe leerlo, en su idioma original, con  sus juegos de consonantes, su pericia en las rimas, sus onomatopeyas que sólo funcionan en inglés y sus repeticiones, un uso de las palabras que convertía la lengua en ritmo y el ritmo en jazz.



Ahora, cuando se cumplen 50 años de su muerte, el percusionista Matt Wilson rinde homenaje al Poeta del Pueblo con un disco de composiciones originales en el que aparecen (como lectores y no como músicos) nada menos que gente de la talla de Christian McBride, John Scofield, Bill Frisell, Joe Lovano... y el actor, humorista y músico de rock Jack Black.

Hasta aquí las curiosidades del disco. En cuanto al jazz, Matt Wilson es un colorido e imaginativo percusionista nacido en Knowville, cerca de donde nació Carl Sandburg. Su interpretación de la poesía a través de la música (hecho que normalmente ocurre en la dirección contraria) es interesante y caleidoscópico, capturando la esencia de Sandburg de la misma manera en los temas sociales, cotidianos y en los más divertidos y absurdos. La ausencia de rima y métrica en Sandburg, que constituye su interpretación del arte de la sorpresa, es tan cercana al jazz que sorprende que no se haya intentado antes.

Matt Wilson

Hay temas de muchas estéticas diferentes pero, en general, hay un gusto por la potencia, por los metales, que, en algunos temas, pasan de parecer hardbop a parecer hard rock (esto es una exageración, claro, pero hay momentos en que la guitarrista Dawn Thomson (que también canta en algunos temas) evoluciona hacia la fusión y del jazz rock con unas armonías de constante apoteosis, como si el baterista-compositor utilizara los metales como instrumento rítmico, percutivo, en lugar de melódico. Otros temas son más líricos (sin abandonar esta estética potente) o más blues, como la fabulosa línea de bajo de "Anywhere and Everywhre People" (a cargo de Martin Wind) tema en el que, curiosamente, recita un bajista, Christian McBride, con profunda voz de barítono negro. Es este gusto por la conjunción de música hablada y jazz lo que enriquece el disco, sobre todo cuando esta simbiosis se convierte en un verdadero diálogo, con juegos de llamada y respuesta como en el final de "Paper 2" (con Bill Frisell recitando y todo el combo respondiéndole, y viceversa). También hay improvisaciones muy interesantes como la de "Snatch of Sliphorn Jazz" con un Jeff Lederer bestial, o más libres, com oen el poema "Fog", por ejemplo, donde Wilson se limita a improvisar mientras suena una grabación con la voz del propio Sandburg:


En resumen, las composiciones originales del disco son tan eclécticas como la fuente de inspiración. El disco es una especie de libro de poemas musicado que Wilson ha estructurado en tres capítulos y un epílogo. Los capítulos o partes reúnen temas urbanos (Capítulo Uno, de los temas 1 al 7), temas rurales (8 al 11) o la colisión entre ambos mundos (Capítulo 3, del tema 12 al 16). En el Epílogo, hay dos poemas que intentan una reflexión sobre lo anterior, con una Carla Bley que lee "To Know Silence Perfectly". Sería un final perfecto para el disco (THERE is a music for lonely hearts nearly always. / Is the music dies down there is a silence. / Always the same as the movement of music. / To know silence perfectly is to know music.) pero aún queda por escuchar otro tema, más festivo, no tan tan evocador pero igualmente metafórico, "Daybreak".

Les dejo el video oficial, un medley con toda la paleta de tonos que abarcan tanto la poesía de Sandburg como su reflejo jazzístico, el disco de Wilson.


El grupo lo completan Dawn Thomson en la guitarra, el cornetista Ron Miles, Jeff Lederer, presentado aquí como multiinstrumentista de viento, y el bajista Martin Wind.
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* Web oficial:www.mattwilsonjazz.com 


JAZZ EN EL LÍMITE

PAUL JONES, Clean (Outside in Music, 2017)

Nada más pinchar el disco, uno tiene la impresión de que Paul Jones podría ser la respuesta jazzística a Philip Glass. Su segundo álbum, Clean, utiliza el minimalismo como método de expresión. Sus temas cuentan historias apasionadas, interiores, rabiosas, pero cargadas de vida. Paul Jones tiene un blog donde habla de su experiencia como músico con diabetes tipo 1 en Nueva York. Literalmente, este es el subtítulo de su blog A Type 1 Life. Averigüemos qué tiene esto que ver con el jazz.

Procedente de la música clásica, manifiesta que su álbum tiene un esquema de hip hop, lo cual es más una intención narrativa (la fluidez, la libertad) que una estética, puesto que no hay hip hop ni cantantes en el álbum, sino un jazz moderno, más europeo que neoyorquino, y donde la influencia de lo que algunos llaman Tercera Vía se nota en muchos temas. 

La formación del álbum es un sexteto clásico (además del tenor, están Alex LoRe en el alto, Matt Davis a la guitarra, Glenn Zaleski al piano, Johannes Felscher al bajo y Jimmy Macbride en la batería) pero en algunos temas incorpora fagot y cello haciendo el papel del bajo ("Alphabet Soup") o utiliza clarinete, oboe, flauta, un cuarteto de saxofones (The SNAP saxophone Quartet)... consiguiendo así traspasar el límite de lo esperado y derivar del jazz moderno ("Buckley Vs Vidal", "Im Prety Uch Fkd") al minimalismo orquestal del que hablábamos, más cerca de Philip Glass que del jazz, especialmente cuando utiliza esas repeticiones rítmicas tan típicas de la música de Glass en los breves interludios de apenas un minuto ("Ive Sn Th Gra Md", "It Was Brh Cold", "Romulo's Raga" y "The Minutiae of Existence") que aparecen en el álbum interpretados por piano y octeto de madera, pero manteniendo siempre en activo la polirritmia jazzística, la improvisación y el gusto por lo inesperado.

Las diferentes formaciones que aparecen en los 14 temas del álbum sirven para mostrar distintas facetas del saxofonista. Paul Jones es uno de esos tenores de fraseo limpio y expresivo que no suena roto ni cuando sopla agresivo. Se nota la formación de conservatorio, como también las ganas de experimentar tanto con el jazz como con los ensembles de música contemporánea. Pero no todo es minimalismo. Esta heterogeneidad en los músicos también está en las composiciones (todas originales de Jones) y debe suponerse que los músicos han sido seleccionados en función de las partituras. En "I Am An American" nos encontramos frente a una balada a tempo medio, mainstream con una línea de saxo muy clásica y un solo de bajo que da pie a un walking bass también de lo más clásico, aunque el siguiente tema vaya un poco más allá ("Hola, Amigo"). 

Diferentes objetivos y un solo punto de mira. El álbum, gestado en Alberta (Canadá), en la Banff Creative Arts Centre, responde a las inquietudes compositivas de Paul Jones, mezcla de música clásica, pop, literatura, jazz y matemáticas: utiliza un método para componer basado en el texto, asignando notas a cada letra del abecedario y utilizando palabras (los títulos más extraños corresponden a frases de apertura de novelas en las que elimina las letras repetidas) para crear frases melódicas. A esto le añade un factor numérico aleatorio (!) para ampliar el rango de los intervalos. Como concepto, no deja de ser curioso y, como jazz, responde de una manera original a la definición de libertad creativa.


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* Web: www.paulthejones.com

ACORDES Y DESACUERDOS (XXIII)

El jazz es malo (y, para algunos, una lata)

En 1912, un desconocido fotógrafo llamdo Ernest J. Bellocq decidió cambiar los paisajes y la fotografía industrial, a los que se dedicaba profesionalmente, por objetivos más excitantes. Se internó en el barrio rojo de Storyville y, durante un tiempo, estuvo realizando retratos y posados de prostitutas de la ciudad, donde el "negocio" era legal. En 1958, ochenta y nueve de estas fotografías salieron a la luz, desvelando algunos de los rostros de aquellos locales donde el jazz creció y se consolidó porque los clientes querían música en vivo, además de alcohol... y otras diversiones. Desde entonces, el nombre del jazz (incluidas algunas teorías sobre su etimología) está ligado a los bajos fondos, el erotismo y el crimen.
 
Siempre fue pecado, El jazz era algo malo, socialmente e incluso ahora, visto desde otros ámbitos musicales o profesionales, malo de lo más malo. Perdió puestos en la lista según la década, dejando paso a la satanización del rock and roll, del punk, del pop..., pero por encima de estas músicas afectas a la moda y a la mercadotecnica, el jazz ha sobrevivido porque supone un desafío intelectual para el músico y para el oyente, y siempre estaremos ahí nosotros, los que no nos conformamos con lo que pongan por la radio o la tele, mentes inquietas que sienten cosquillas (mentales) con la buena literatura, el buen cine, la buena música...

Como solemos hacer en esta sección de Acordes y desacuerdos, reproducimos algunas frases y opiniones sacadas de contexto que pueden arrojar luz (o algún motivo para el debate).


I.
Amy Farrah Fowler (interpretada por Mayim Bialik) en The Big Bang Theory confiesa esto:
Yo no he hecho pellas en mi vida. Mi madre dice que así es como las chicas acaban siendo adictas a la marihuana y al jazz.





II.
A todos nos ha pasado esto de hablar y hablar apasionadamente sobre jazz sin darnos cuenta de que a la otra persona le importaba un comino. Tras la ocupación soviética en la República Checa, Julio Cortázar, García Márquez y Carlos Fuentes viajaron a Praga invitados a dar una charla. Una maniobra de la inteligencia checa para dar sensación de normalidad. Carlos Fuentes recuerda: 
Viajamos en un tren nocturno desde París hasta Praga, pero no dormimos porque toda la noche nos la pasamos en el salón con Julio Cortázar, que se dedicó a recordar la historia del jazz. Sabía muchísimo de jazz Cortázar y entonces, entre la Gare de Lyon y la estación de trenes de Praga, nos contó la Historia desde los orígenes del jazz, capítulo por capítulo, trompetista por trompetista, cantante tras cantante... Sabía absolutamente todo. Estábamos muy impresionados Gabo y yo. Sabíamos que sabía pero no que sabía tanto. Y este es el secreto de Cortázar: que siempre sabía mucho más que los demás, pero tenía el pudor de no demostrarlo. En esta ocasión, sí lo demostró, quizás porque era de noche, porque íbamos en tren, porque íbamos a Praga... Y ya, casi al entrar en la estación, digo: "¿Por qué no cambiamos de tema y hablamos de cine?". Pero ya no había tiempo.
Cortázar y Gabo

III.
En la misma conferencia, cuenta Carlos Fuentes, que pensaba que el jazz era una pesadez de conversación, se queda con las ganas de ir a un club:
Yo estaba muy contento hasta un momento en que siento que me traicionaron mis amigos. Quedé muy descontento con ellos. Gabo me dijo: "La ópera es fantástica en Praga. Yo me voy a una función de ópera" y Cortázar me dijo: "He descubierto un club de jazz y tú, Carlos, vas a ir a hablar con los sindicatos". [...] Gabo escuchando ópera, Cortázar en el jazz y yo hablando con los sindicatos. Que eran troskistas, además. 
Cortázar soñando con ser jazzman

IV.
Boris Vian se enfrentó a la sociedad francesa de su época, que prohibía el jazz como "algo peligroso" ironizando (a su estilo) en un artículo que publicó en 1949 en Jazz Hot titulado El jazz es peligroso: Fisioterapia del jazz
Tan lejos como uno quiera remontarse hasta la antigüedad, pueden encontrarse ejemplos de la acción esclerosante y necrosante del jazz sobre la célula viva y las macromoléculas del citoplasma [...] Los trabajos del doctor René Theillier, relativos a las lesiones provocadas por la repetida agresión de una causa cualquiera, dilucidan igualmente el peligro de cualquier música de ritmo regular; el jazz es el ejemplo más típico, y por ello sería necesario que los poderes públicos se decidieran por fin a aplicar el bisturí en esta llaga y a encontrar un remedio para las psicopatías cada vez más grandes que parecen apoderarse por completo de nuestros jóvenes contemporáneos. 
Miles Davis y Boris Vian en París en 1950

V.
Más grave es cuando hay persecución. Los nazis prohibieron muchas facetas artísticas pero una lo fue por provocativa y por racial: el jazz. Desgraciadamente, aunque el ejército americano contraatacó "psicológicamente" enviando discos de jazz a los soldados (los llamados V-Discs o Discos de la Victoria), este rechazo se producía también dentro de los Estados Unidos, donde algunas minorías blancas (y no tan minorías) ignoraban el jazz como música popular. Por poner un ejemplo, la obra Porgy & Bess del judío George Gershwin tardó ¡80 años! en ser aceptada como ópera, mientras que, dentro de la propia Alemania, hubo una especie de resistencia músico-cultural por parte de los Swingjugend, a quienes Thomas Carter dedicó su película Rebeldes del Swing (Swing Kids, 1993). Ahí va un resumen  (obtenido de la web Idejazz) de cómo Hitler pretendía que funcionara la cosa con la Entartete Musik ("música degenerada") que era el jazz:

1. Las piezas en ritmo de fox-trot (o swing), no podrán exceder el veinte por ciento del repertorio de las orquestas y bandas musicales para baile;
2. En este tipo de repertorio llamado jazz, debe darse preferencia a composiciones en escalas mayores y a letras que expresen la alegría de vivir, en lugar de las deprimentes letras judías;
3. En cuanto al tempo, debe darse preferencia a composiciones ligeras sobre las lentas (los llamados blues); de todos modos, el ritmo no debe exceder la categoría de "allegro", medido de acuerdo al sentido Ario de disciplina y moderación. De ninguna manera excesos de índole negroide en el tempo (el llamado jazz) o en las ejecuciones solistas (los llamados "breaks") serán tolerados.
4. Las llamadas composiciones jazzísticas podrán contener hasta un diez por ciento de síncopa; el resto debe consistir en un natural movimiento "legato" desprovisto de histéricas inversiones de ritmo características de la música de las razas bárbaras y promotoras de instintos oscuros extraños al pueblo alemán;
5. Queda estrictamente prohibido el uso de instrumentos extraños al espíritu del pueblo alemán, como así también el uso de sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y bronce en aullidos judíos;
6. También quedan prohibidos los solos de batería que excedan la mitad de un compás en tiempo de cuatro cuartos, excepto en los casos de estilizadas marchas militares;
7. Queda prohibido a los músicos realizar improvisaciones vocales (scat).
 Ahí es nada.
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http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html

SGT. PEPPER TAUGHT THE BAND TO PLAY

SAN FRANCISCO STRING TRIO, May I Introduce to You (Ridgeway Records, 2017)

El título (May I Introduce to You) era aquella frase que nos arrojaba de una manera energética (como sólo se podía ser energético en los '60) al estribillo de "Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band", la canción que hablaba de una banda ficticia y con la que The Beatles intentaron dejar de ser The Beatles, unos chicos monos que arrastraban multitudes, para mostrar que realmente eran artistas y no sólo cantantes.

En May I Introduce to You y una vez superada la impresión de la portada (de un diseño realmente feo) descubrimos más abajo, a los miembros del San Francisco String Trio: Mads Tolling (Stanley Clarke, Chick Corea, Ramsey Lewis...) al violín, muy expresivo y versátil; el contrabajista Jeff Denson, sideman de Joe Lovano, Dave Douglas... que también ejerce de vocalista en dos temas ("Fixing a Hole" y el icónico "A Day in the Life") y que es de esos bajistas que consiguen parecer líricos cuando es necesario; y luego está Mimi Fox, que toca la guitarra acústica, eléctrica y la de 12 cuerdas, que ha ganado seis premios de la crítica de Downbeat y que lleva al trío a un nivel superior cada vez que toca un solo.


Entre los tres y con tan peculiar line up, han grabado una recreación del octavo álbum de The Beatles, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, ese disco donde todo es ecléctico, mixto, casi tan libre como el jazz, y que dicen que cambió la Historia de la Música.

Coincidiendo con el quincuagésimo aniversario del Sgt. Pepper's, este trío ha recreado sus temas con una estética peculiar, desmontando desde la raíz, tanto armónica como rítmicamente, las composiciones y llevándolas en una nueva y excitante dirección que tiene que ver más con la improvisación que con el blues (con la excepción del seductor riff de "Sgt. Pepper's") y que se mueve en una estética cercana al folk por momentos, al jazz europeo moderno en otros e incluso con algún toque manouche cuando el ritmo lo pide. Doce temas que son pequeñas joyas, íntimas, casi de andar por casa, y que dotan a las composiciones de una belleza y una complejidad magníficas.

Y, cuando digo recrear es porque todos los temas del Sgt. Pepper's están en May I Introduce to You, todos, con la curiosidad de que aparecen aquí desordenados a capricho, comenzando por la tierna "When I'm Sixty Four" y acabando, eso sí, lógicamente, con el tema principal ("Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band") que en el disco original era un reprise y que aquí, como entonces, resulta un final de apoteosis. En medio, un viaje inaudito en el que blues, jazz y otras esencias se mezclan sincopadas, con energía, aunque a veces el violín nos recuerde que estos temas nacieron en los verdes prados de Inglaterra y no en el cálido sur de Estados Unidos.


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* Web: www.sfstringtrio.com