ACORDES Y DESACUERDOS (XXIV)

Pájaros en la cabeza

En el libreto del disco de Ximo Tébar Anís del Gnomo (Elígeme Discos, 1990), Víctor Claudín escribe que en el mercado hay "un jazz de museo, viejo, o demasiado nuevo". No hay en el jazz, como música basada en la pasión y el sentimiento (tanto como en la técnica y la exploración) un término medio. Uno de los músicos que más polarización provocó en su momento (y sigue provocando) fue Charlie 'Bird' Parker. Echemos un ojo a algunas opiniones y comentarios sobre el saxofonista de Kansas City (Missouri).


Siguiendo con nuestra serie de Acuerdos y desacuerdos...


I.
En la biografía de Miles DavisIan Carr defiende al trompetista contra las acusaciones que vertió en su día un Wynton Marsalis de 21 años que ya apuntaba maneras de purista. Al parecer, en una entrevista a Jazz Times en 1983 (el año de Star People), Marsalis había dicho esto:
"Miles nunca fue mi ídolo. Me ofende lo que él hace porque es una decepción para toda la escena en general." Y añade: "Creo que Bird se revolvería en su tumba si supiera lo que está ocurriendo".

Ian Carr defiende la postura ecléctica de Miles en estos principios de los 80 así:
"Parece que estos mentores le inculcaron [a Marsalis] la extraña idea de ortodoxia en el jazz, que sostiene que hay una cosa única llamada "jazz verdadero" y que todos los músicos deberían tocar ese estilo. Sin embargo, al igual que todas las grandes artes, el jazz posee (y debe poseer) un pluralismo incorregible."

II.
Opinión de Dizzy acerca del sentimiento de blues en el jazz:
"Por curioso que pueda parecer, yo jamás me consideré como un auténtico intérprete de blues. Charlie Parker era un maestro del blues. Ya sé que el blues representa nuestra cultura musical, la de mi raza, pero yo no soy un verdadero bluesman. Lo que no aguanto es oír a un músico blanco decir: "Yo soy un bluesman" porque si yo, que crecí empapándome de ello no puedo ser uno... entonces."

III.
Nuestro eterno inspirador (también inspirado por el jazz) Julio Cortázar habla en una entrevista a Omar Prego Gadea en el libro "Los cuentos: un juego mágico (La fascinación de las palabras, Alfaguara, 1997) sobre cómo surgió la idea de utilizar a Charlie Parker como inspiración para su personaje Johnny de "El perseguidor":

¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: "Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático". Pero no me decidía porque me parecía aburrido, me parecía un poco tópico tomar un escritor. [...] Tenía que ser un individuo que respondiera a características muy especiales. Es decir, todo eso que sale de "El perseguidor": un individuo que al mismo tiempo tiene una capacidad intuitiva enorme y que es muy ignorante, primario. [...] Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya -creo que era de Charles Delonnay- en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. 

Max Kaminsky, Lester Young, Hot Lips Page, Charlie Parker y Lennie Tristano
(Club Birdland, NYC, 1949)
IV.
Woody Allen sobre las películas de jazz
“De todas las películas sobre Jazz que he visto, y probablemente las haya visto todas, Bird me parece la más digna.” 

V.
Sergio Ariza Lázaro en Diario Crítico termina su artículo La leyenda negra del jazz: Charlie Parker de este modo:
Siempre me ha gustado pensar que lo que aparece en la película que Clint Eastwood le dedicó es verdad, que hubo una despedida con Dizzy en la que Bird le preguntó como lo conseguía, como podía vivir su vida, disfrutar, tener una mujer, etcétera y Dizzy le dijo tampoco importa tanto, yo viviré una larga vida, pero la gente te recordará a ti.


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Y yo creo que Bird sigue ahí, tocando, en los textos de Cortázar, en los discos de vinilo con ruidos de mi discoteca y en ese lado oscuro e inquieto que agita nuestros espíritus.

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* Las fotos de Charlie Parker, Tommy Potter, Miles Davis y Max Roach es de William P. Gottlieb. De las otras no conozco el autor.
  




UNA NOCHE CON...

DELFEAYO MARSALIS, Kalamazoo (Troubadour Jass, 2017)

Otra vez el trombón, ese viento metal que llama la atención de los niños por su tamaño y que normalmente no está entre los solistas, relegado a las big bands a pesar de que es ideal para ejecutar glissandos y que, en las manos adecuadas (es el caso), puede sonar tan potente como sutil, como un payaso que, justo después de provocar risas, es capaz de emocionarnos. Y otra vez Delfeayo Marsalis, que nunca defrauda, con un cuarteto que incluye al gran patriarca, Ellis Marsalis.


El álbum, grabado en abril de 2015 durante la gira de The Last Southern Gentleman en el  Dalton Center Recital Hall de la Western Michigan University, en Kalamazoo, es el primer disco grabado en concierto de Delfeayo Marsalis y contiene un puñado de clásicos que el trombonista tamiza con su particular sentido del blues, empezando por una versión soberbia de "Tin Roof Blues" en la que Marsalis demuestra que incluso en el trombón se puede frasear con rapidez. Creo que es un inicio fantástico para un concierto, desde abajo, un blues lento. El solo de piano de Marsalis padre sigue al de trombón, en la misma línea, haciendo brillar la tristeza del tempo. De fondo, Ralph Peterson elástico pero contenido, acompañando en la justa medida. Termina el solo con unas síncopas tan clásicas que después sólo puede seguir un crescendo que rompe definitivamente en el solo de bajo (Reginald Veal). Si uno empieza un concierto ahí, el segundo tema es siempre como un estallido, como un nuevo comienzo. El tema que rompe es "Autumn Leaves", un estándar infalible. La sección rítmica destaca por encima de todo, con un juego polirrítmico contagioso.

Padre e hijo 

El concierto continúa con "My Funny Valentine", que se convierte en una competición entre el piano, como solista, el trombón y la sección rítmica, una competición por hacer más delicada la pieza, que suena redonda y pasa como un instante. Sorprende justo después el sentido del humor (justicado) al traer aquí el blues que servía de sintonía a Barrio Sésamo, esa serie que marcó tantas infancias. "Sesame Street Theme" suena a blues callejero de Nueva Orleáns, a banda, y nos muestra el sentido del blues en los dedos de Ellis Marsalis, sincopado y veloz cuando es necesario, expresivo y auténtico. Toda una lección de cómo se toca jazz.

Siguen, por no parecer exhaustivo, el tema "If I Were a Bell" (que siempre me devuelve mis primeros recuerdos de Miles Davis), la balada "Secret Love Affair" y una versión de "It Don't Mean a Thing (If It Ain't Got That Swing") elegante y rítmicamente adictiva. Justo después, Delfeayo invita al escenario a dos estudiantes de la universidad (el vocalista Christian O'Neill Diaz y el baterista Madison George) para improvisar juntos un blues clásico ("Blue Kalamazoo"). Tras este momento especial en el que los Marsalis parecen derramar positividad para incentivar a los estudiantes, el concierto termina de una manera nostálgica con una mágica y onírica versión de "Do You Know What It Means To Miss New Orleans" a dúo piano/trombón, donde el padre da una lección de lo que es el piano en el jazz y el hijo nos sorprende con una sordina wah-wah que aporta una melancolía a su solo que arranca los aplausos del público.


Casi todos standards de sobra conocidos pero llevados con una personalidad abrumadora, con esos fraseos sentidos o vertiginosos de Delfeayo Marsalis, con un sentimiento que suena a Nueva Orleáns y una elegancia estilística encomiable que los hace parecer nuevos, esa magia del jazz.

En el fondo, Kalamazoo (An Evening With...) es sólo un momento en el tiempo, capturado en audio digital pero, al menos, podemos hacernos la ilusión de haber escuchado a Delfeayo Marsalis en concierto y la experiencia es... bestial.

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* Web oficial: www.dmarsalis.com


UN LIBRO DE JAZZ

Ximo Tébar, un nombre de jazz... español

En España, donde somos dados a importar mitos, ya venía siendo hora de que alguien pusiera sobre el papel algún nombre de los que construyen el jazz made in Spain año tras año. Cierto es que es difícil encontrar libros sobre jazz en español y más difícil incluso encontrar libros escritos en España sobre jazz. No hay ningún libro sobre Pedro Iturralde, ni ensayo ni biografía, y sobre Tete, sólo una casi-autobiografía. Esto, por citar nombres mayores. ¿Qué son nombres mayores? Sobre Ximo Tébar han caído críticas en todos los tonos (30 años de carrera dan para mucho) quizás por su caminar oscilante entre dos sendas opuestas, la del jazz de influencia flamenca que él llama Jazz Mediterráneo y esa otra más clásica anclada en el bop, el blues y el mainstream en la que tan bien se defiende. Este mes, por fin, he podido leer Ximo Tébar, la guitarra del jazz mediterráneo, un ensayo de José Pruñonosa que explora y disecciona con pasión toda la discografía del guitarrista valenciano. No es una autobiografía en sí sino un vehemente estudio de su obra. Confío en que sólo sea un ejemplo para que en el panorama literario sigan apareciendo más libros sobre músicos de jazz españoles.

Ximo Tébar, la guitarra del jazz mediterráneo (Ed. Piles, 2016) no es un gran libro. Resulta breve y derrama un excesivo amor por el músico en cuestión, pero sí contiene valores que merece la pena citar. En primer lugar, poner en portada un nombre que ha aportado frescura y sofisticación al jazz español, con ese estilo tan fluido que tiene Tébar tocando single line, un músico que ha dedicado su vida al jazz como intérprete, productor y docente, y que se ha codeado con músicos muy interesantes (especialmente atractiva es su serie The Jazz Guitar Trio con organistas de corte clásico como Lou Bennett, Dr. Lonnie Smith, Joey de Francesco, Orrin Evans...). En segundo lugar, la disección musicológica que es la segunda parte del libro, donde analiza su música, aunque este estudio puede parecer algo duro para los lectores no-músicos. Sin embargo, hay que valorar la intención didáctica de esta sección.

El libro se divide en tres partes: la primera repasa la carrera de Ximo Tébar a través de su discografía, su investigación del jazz clásico y del jazz mediterráneo y la evolución de sus estéticas; la segunda es ese análisis musicológico, su filosofía y su relación con las influencias del guitarrista; la tercera es una extensa entrevista.

Es un libro con muchas voces. Se agradece la inclusión no sólo de recortes de periódicos y revistas especializadas, críticas ajenas que aportan muy diferentes puntos de vista, sino la inclusión gráfica de las mismas que, si bien algunas de tan poca calidad que aparecen pixeladas, al menos permiten explorar el impacto de este músico en la crítica de cada momento histórico, de los 80 hasta ahora, y la manera en que los periodistas musicales lo han tratado. Leer estas críticas con el paso del tiempo no sólo permite un punto de vista crítico con Tébar sino también con los críticos. Además, resulta una aportación histórica que permite a los lectores desenfocar y asistir con curiosidad a la prosa de otra época, cuando aún el jazz era objeto de asombro no sólo para los periodistas españoles sino incluso para los periodistas que amaban el jazz. Y su evolución.



El estudio de Pruñonosa es amable y apasionado (a veces, a los que amamos el jazz nos cuesta no ser apasionados al criticar), a pesar de lo cual se permite incluir también alguna mala crítica del pasado, como un recorte de 1989 sobre un concierto de Billy Brooks donde un periodista califica a Tébar de "contorsionista" e "inmaduro". Claro que en la misma critica se pone a parir a un Tete Montoliu que "tenía muy pocas ganas de tocar".

A pesar de todo, vale la pena leer este libro para sentir la necesidad de volver atrás y explorar la discografía de Ximo Tébar y porque este no es un país de jazz (ni de libros sobre jazz, recuerden). Como dice George Benson en una cita del libro, "lo más impresonante es que Ximo nació y creció en España, lo cual lo convierte en un fenómeno".

ENERGÍA = CONTRABAJO

KATIE THIROUX, Off Beat (Capri Records, 2017)

Esta joven artista (nacida en Los Angeles en 1988) presenta su segundo disco con muy buenas críticas a sus espaldas. En su web leemos un comentario de Quincy Jones que dice "This girl is IT!". No en vano, el compositor-director la ha contratado y actualmente Katie Thiroux es artista residente en el club de Quincy Jones en Dubai. También forma parte del Larry Fuller Trio. El álbum, con temas cantados y también instrumentales, muestra una bajista llena de energía, con un gran dominio de la velocidad y gusto por lo complicado y lo complejo (armónica y rítmicamente hablando).

Off Beat (el título ya muestra el sentido del humor que preside el repertorio) comienza con el tema que le da título, una composición de Leon Pober que sirve de declaración de intenciones: "I follow my own design, I walk no-one else's line, so everyone says that I'm off beat!" y, aunque el estilo de Thiroux tiene un punto original, se nota la presencia en muchos momentos de la figura de Ray Brown, influencia confesada. El tema es vocal y Thiroux nos gusta también cuando canta. 


Más de la mitad de los temas son vocales, con la propia Katie Thiroux cantando, pero no deja de ser bajista en ningún momento: el bajo es director en todos los temas, presentados como elementos rítmicos. Me gustaría reivindicar aquí la creciente presencia de mujeres como líderes en los combos de jazz (aunque el hecho de abordar el tema ya suponga una discriminación) porque cualquier pasaje de este disco bastaría para rebatir cualquier prejuicio hacia las mujeres del jazz no vocalistas. Quizás, como le pasó a Nat King Cole, cuya habilidad como pianista quedó eclipsada por su popularidad como cantante, el público menos atento escuche a la cantante y deje de percibir la solidez con la que Thiroux toca el contrabajo y sostiene con poder todos los temas. Canta, hace scat pero es, por encima de todo, una instrumentista: todo el álbum está dominado por el ritmo y cualquier intervención del contrabajo, no únicamente en los solos, es significativa, nunca un simple acompañamiento. Esto la convierte en una contrabajista muy interesante.


Sólo hay una composición propia en el disco ("Slow Dance With Me"), un tempo medio instrumental que el bajo lleva con autoridad. Es un gran momento del álbum, como más adelante el cover de Ray Brown "Ray's Idea", donde juega con humor con el ritmo y con la fluidez del clarinete de Ben Peplowski. En una entrevista, Thiroux aseguró que posee un par de zapatos italianos que habían pertenecido a Brown. Se los regaló Jeff Hamilton (baterista de, entre otros, Diana Krall), que produce el disco. En la escucha, no hay duda de que hay una influencia notable del estilo de Ray Brown en la forma de tocar de Katie Thiroux. Me ha gustado especialmente el último tema del álbum, donde Thiroux aborda una sorprendente versión de "Willow Weep For Me" a voz y contrabajo solo, un desafío en el que percibimos esa sombra de Brown en la manera en que dosifica el ritmo y, al mismo tiempo, lo acompaña golpeando el mástil como si fuera un instrumento de percusión. Un final emocionante.





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* Web oficial: www.katiethiroux.com




ENEBRAL SUNSET FEELING

Electrónica versus Jazz

Escuchando el nuevo disco de Matrioska, con los ojos cerrados y la mente divagando por la puesta de sol que anuncia la portada, me pregunto hasta qué punto el nu jazz (etiqueta tan aleatoria como todas), hasta qué punto, me planteo, la electrónica en el nu jazz anula el jazz o le confiere esa nueva dimensión que todas las demás fusiones (anteriores) han aportado a la música de Nueva Orleáns.



El trompetista Carlos Garrido y el guitarrista/DJ Víctor Bañuls presentan en su nuevo Enebral Sunset Feeling una colección de temas muy ambientales, con ritmos electrónicos, sincopados pero mecánicos, en los que sobresalen otras fusiones. La fundamental y la que más me gusta personalmente es el uso de la sordina, que recuerda siempre a Miles, quien llevó la Harmon al estatus de icono. Su uso en "Quisiera" es rabiosamente jazzístico, descaradamente Miles. El flamenco también está presente en algunos temas ("Ensueño", "Agua clara"), inspiración de raíz, ya que el grupo se ha formado en Huelva y el título (toca aquí la aclaración) del álbum hace alusión a una playa virgen llamada de los Enebrales, referencia que nos lleva de nuevo a la electrónica, ya que el estilo del grupo recuerda por momentos aquel invento del Café del Mar, que se puso de moda y donde cientos de personas se reunían cada tarde para ver un atardecer en la playa pagando un astronómico precio por una copa. Los atardeceres atlánticos del Paraje Natural de Los Enebrales (ver ubicación) nada tienen que envidiar a los citados, y la música de Matrioska, rítmica pero pausada, con momentos de divagación que van del Miles de Ascensor para el cadalso (Fontana, 1958) o el más tacaño de Dingo (Warner, 1991) hasta reminiscencias más modernas como el Saint Germain de Ludovic Navarre cuando interviene a la flauta Moisés Toscano ("Poniente", "Momento"...). Muy interesante también el blues atmosférico de la guitarra en "Agua clara" y su original diálogo con el flamenco.

El álbum termina con "Enebral", con sonidos de olas acariciando la orilla, con un Carlos Garrido brillante (y sin sordina), con una maravillosa melodía de balada milesiana y con un ritmo electrónico que le hace a uno preguntarse si Miles Davis, escuchados los últimos trabajos de su carrera, no se hubiera atrevido con el acid jazz si lo hubiera conocido.


En directo, Matrioska suena distinto (como todo el jazz) y suele cambiar de formación. La última vez que los he visto era un lugar más alejado de la playa, el Teatro Felipe Godínez de Moguer, durante la presentación de la expo itinerante de fotografías que celebra los 10 años del Festival Jazzolontia. En esta ocasión, la formación era: guitarra/DJ, dos trompetas y violonchelo, un line up tan original como placentero al oído, aun cuando la improvisación pareciera limitada por los ritmos pregrabados. 

En definitiva, sigo sin saber si la electrónica en el nu jazz anula o complementa el poder rítmico y armónico del jazz, o si estas fusiones (dub, ambient, flamenco...) pueden denominarse siquiera jazz, pero lo cierto es que el disco es hipnótico y en directo la mezcla gana.



De regalo, este temazo donde Matrioska samplea a Julio Cortázar con su "Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj". Aquí se pueden notar claramente las influencias de la sordina Harmon de Miles Davis cuando toca Garrido:

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* Web: http://matrioska.club




VIENTO DE OTOÑO

SCOTT DUBOIS, Autumn Wind (ACT, 2017)

Portada de Stanley Whitney
Con la naturalidad del sucederse de las estaciones, después de su inspirado Winter Light (ACT, 2015), el guitarrista neoyorquino Scott DuBois presenta Autumn Wind, una colección de temas donde va más allá en su exploración de la lírica del jazz moderno. Por intentar definir lo indefinible, quienes se internen en este viaje otoñal encontrarán música para pensar o para soñar (según la personalidad del oyente), en un jazz reflexivo, que explora y hace de la especulación una estética personal.

En su sétimo disco y a diferencia del anterior (pero sin perder el carácter íntimo de su jazz meditativo) al cuarteto de DuBois (Gebhard Ullmann al saxo tenor y clarinete bajo, Thomas Morgan al bajo y Kresten Osgood en la batería) se suman dos pequeñas formaciones de cámara. Hay un cuarteto de cuerda: Eva León (violín I), Conway Kuo (violín II), William Frampton (viola) y Sarah Rommel (cello); y un cuarteto de viento madera: Erin Lesser (flauta), BJ Karpen (oboe), ​Elisabeth Stimpert (clarinete) y Michael Harley (fagot); formaciones que el guitarrista maneja con la sensibilidad de un director de clásica y que, sumadas al cuarteto de jazz (guitarra, saxo, bajo y batería) adquieren colores inauditos.

Foto: Arek Wyderka
Y en medio de todo este despliegue sonoro, encontramos un guitarrista muy personal, con una técnica llena de poesía y nada complaciente, siempre especulando con la belleza y con la complicidad del oyente, jazz experimental que, en algunos momentos, puede desorientar al escuchante, como una tormenta de otoño, para luego devolvernos la calidez del sol de octubre. Como la portada de Stanley Whitney, la guitarra de DuBois juega con el color y el ritmo de una manera prodigiosa pero íntima, sin superficialidades ni estruendos, como en un viaje interior donde todo es posible, desde el acorde más íntimo hasta el ritmo más disparatado.

Las composiciones de DuBois, amparadas en las distintas formaciones que suenan, va evolucionando a lo largo del disco, del mismo modo que los títulos, que van desde la luz cambiante de mediados de septiembre ("Mid-September Changing Light"), un tema introspectivo y especulativo, hasta la aurora boreal otoñal  ("Autum Aurora Borealis", con su intro casi electrónica que desemboca en un free jazz elocuente) pasando por octubre, noviembre y diciembre como si de un calendario emocional se tratase (brillante y poético "Late November Farm Fields"). 

En algunos momentos, el estilo cambia y las cuerdas evocan un solsticio cercano al folk, como en la explosión rítmica de "Early December Blue Sky And Chimney Smoke"; en otros, recuerda los conceptos de lo que hablamos escuchando el disco de Paul Jones, un jazz que utiliza elementos de la orquesta de música clásica pero que está más cerca del free jazz que de la Tercera Vía, entre Miles Davis y Schönberg, composiciones siempre tensando la cuerda entre lo lírico y lo rompedor, experimental por momentos, abstracto pero bello en definitiva.

Como Youtube nos indica que los vídeos de Autum Wind están bloqueados para España (supongo que por alguna cuestión de derechos), inserto un clip del disco anterior, Winter Light para que se hagan una idea del concepto. Que lo disfruten:


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* Web oficial: www.scottdubois.com

EL JAZZ CON EL SONIDO NATURAL DEL MUNDO

PABLO BÁEZ, El testigo (2017)

Pablo Báez es un contrabajista onubense, educador y compositor con ideas muy originales y una gran versatilidad como intérprete. Su primer disco como líder, El testigo, es lo que algunos llaman una declaración de intenciones, un jazz moderno, de tempo lento, reflexivo y ecléctico, que metaboliza el jazz europeo y un sutil toque flamenco en algo que (casi) podríamos llamar jazz flamenco experimental. Pero me quedaría corto.


Aunque ya había escuchado a Pablo Báez en otras formaciones, como líder resulta un contrabajista personal, muy expresivo, que usa el contrabajo como instrumento solista, liderando sin complejos todos los temas, haciendo "cantar" al instrumento, omnipresente. 

Un aspecto singular del disco y que forma parte de su concepto es que no se ha grabado en estudio. Los temas han sido registrados con técnica ambisónica en una curiosa diversidad de escenarios (un bosque de noche, el interior de un dolmen, una iglesia, una cárcel abandonada...) para captar distintas sonoridades que ayuden a la expresividad de los temas. En este sentido, Báez manifiesta estar más interesado en "la sonoridad natural de la instrumentación, así como su integración e interacción con el medio" que en lograr un sonido perfecto a lo Rudy van Gelder. Me remito a su concierto de presentación en el Gran Teatro de Huelva, donde, como conté en la reseña del mismo, ningún instrumento iba amplificado ni enchufado. Ni siquiera había micrófonos para los instrumentos acústicos.



El cuarteto del álbum lo forman Julián Sánchez (trompeta), Enrique Oliver (saxo tenor) y Juanma Nieto (batería), contando con la siempre iluminadora presencia de Jorge Pardo en "Jaleo". Tres de los temas suenan a contrabajo solo y fueron grabados en el interior del Dolmen de Soto ("Din Don"), en las Marismas del Polvorín, junto a la vía para trenes de mercancías peligrosas ("Sin andén") y en el puente que comunica Huelva con Corrales, donde se grabó "Puente concreto", título que intuyo puede remitir a la música concreta, teoría que explora el sonido de los objetos y su combinación con los producidos por instrumentos reales. El sonido del viento en el puente, algún coche lejano y el rumor de las olas de la ría imbuyen de poesía la delicada melodía del contrabajo en este "Puente concreto". Algo parecido se muestra con la máquina de escribir y los sonidos del bosque de noche de "Oda" o su introducción, "Animales del bosque".

Los experimentos y la originalidad de El testigo miran en muchos sentidos. "My Werba", que podría ser una balada de algún trompetista anterior a Miles, no es sino una versión sublimada y bellísima del pasodoble "Mi Huelva tiene una ría" de Domingo Manfredi. Pero hay que ser un oyente muy atento o muy de Huelva para percibir el origen de esta balada de jazz. "Tema inofensivo", por ejemplo, usa un esquema distorsionado de hardbop utilizando los vientos como elemento rompedor, hacia lo atonal, logrando un sonido sucio, muy Mingus, mientras el bajo dirige a la banda con un ritmo poderoso y enérgico. Más free es "Reo", tema grabado en una vieja cárcel que albergó presos entre 1930 y 2006 y que hoy permanece abandonada esperando un uso más útil que el de mantener vivo el horror que pudo albergar. Su ruina y su vacío poblado de recuerdos justifican el tema. También aquí se grabó "Xpain", un tema también mingusiano donde los ruidos y los gritos se mezclan con un post-bop que quiere sonar también a ruido. 

Más amables son los temas inspirados en el flamenco, algunos más sutiles y elegantes y sin olvidar el desafío rítmico y armónico del jazz (como "Testigo" o como "Jaleo", tema donde se puede escuchar a Jorge Pardo a la flauta y también un gran trabajo rítmico de Juanma Nieto a la batería y Javier Vega en el cajón flamenco) y otros más de raíz, menos jazzísticos (como "Flores blancas").

15 temas, todo un despliegue de inspiración para un primer disco como líder, un disco que es una declaración de intenciones, como escribí más arriba, que confío que tenga continuación y la acogida que se merece.


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Blog de Pablo Báez: https://pablobaezillesca.com


http://jazzeseruido.blogspot.com.es/p/relatos-de-jazz_28.html